La ventaja de esto es que, como el Daniel no sabe lo que es un blog, jamás entrará (al menos eso espero), y mucho menos lo leerá. Pero la verdad es que estoy preocupado.
Resulta que el Daniel (mi hermano) tiene 13 años y empieza a cambiar. Básicamente en cosas claras: forma de vestir, gustos musicales, palabras y actitudes. De la primera es evidente que se está pasando al bando de los fanáticos de los colores claros y las camisas de cuello. Ya se para unos cinco minutos frente al armario abierto para escoger entre dos blue jeanes que lucen totalmente igual. Y claro, los pantalones de calentador se quedaron alado del mandil del jardín que tampoco se ha puesto tiempos.
En cuanto a gustos musicales sí estoy más alarmado. Basta con escuchar que el tono de su celular es una de las canciones menos tolerables de Don Omar; una que celebra la salida del sol y la relaciona con un pedido masivo de reggaeton. Pero eso no es lo más grave, sino que también se unió al clan de los fanáticos de Soda Estéreo que solo han escuchado 'Música ligera', entre los cuales me incluyo. Por suerte, algún compañero de esos que no faltan en el colegio le está haciendo escuchar, así sea a la fuerza, algo de Mago de Oz y este tipo de bandas que hay que 'oír' para camuflar el gusto por 'High School Musical'. Si los amigos supieran que escucha alguna de las canciones de esa película y las canta en un inglés por imitación, de seguro tendrían material para joderle por el resto del año lectivo.
Lo de las palabras y las actitudes, como bien dice mi mamá, es culpa nuestra. Vivir entre carajos, chuchas y de repente unos putas, es contagioso. Así que no es raro que cuando se le dice "Anda a dormir temprano", empiece su respuesta con un Chucha, no me jodas... Chucha ya voy, etc. Contagioso, de hecho, porque uno también le refuta con el Chucha en la boca.
En la sección actitudes si está jodido. Ya está con las peticiones de que no nos asomemos al colegio; entiéndase con esto que es la etapa del 'me averguenzo de mi familia'. Empezando por mi mamá, a quien constamente le insiste en que vaya bien arreglada si lo va a recoger.
El Daniel ahora se demora más en el espejo y hace del dos con la puerta cerrada (de chiquito le gustaba dejarla abierta). Se chatea con una compañera de aula y de vez en cuando le oigo hablar por teléfono con alguno de esos amigos con los que se trata de 'maricón' por aquí, 'maricón' por allá.
Ya qué... está grande. Y yo también. Lo digo porque lo estoy viendo ya con cara de hermano mayor controlador. A la espera de que me llame para salvarle de alguna borrachera para yo llegar con todo el discurso de lo correcto y lo incorrecto. Apostando a que de seguro empezará a utilizar más papel higiénico, y no precisamente para sonarse la naríz. Sabiendo que cualquier rato se acercará a pedirme un consejo, y después de eso, la afeitadora.
1 comentarios:
Espero que tu hermano tampoco haya leído el periódico del domingo que donde fue que encontré tu blog en el "Blog de papel" de El Comercio.
Buen blog... regresaré
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